domingo, 23 de agosto de 2009

Cascabel sordomudo

domingo, 23 de agosto de 2009
Apenas puse un pie en la cantina, mis ojos se clavaron en la puerta del fondo. Aire empavonado por el humo y un olor dulce a percolado se circundabanban el ambiente de ese paisaje de risotadas y resonar de copas.
Avancé hacia la puerta. Atravezando ese circo feliz hasta toparme con la puerta del baño que me compelía a entrar.
El hedor en su interior y su piso blanco embarrado con pisadas se vienen a mi cabeza de inmediato. Al entrar oí mi lengua pronunciada con sonidos extraños. Como de otro uUiverso. Me asomé por debajo de un cubículo. Una serpiente y un chincol dialogaban sobre cómo cambiar.la situación en que se encontraba el mundo de los humanos que veían sumido en la confusión.
La serpiente proponía la prevalescencia de los más fuertes ,que se llevaría acabo permitiendo que ocurriera la eliminacion natural y progresiva que sufrirían los que no comprendieran el camino de competencia. El chincol fustigó y opinó que era mejor aprovechar de mostrar a los humanos lo que podrían lograr si trabajaran por fines comunes, de manera conjunta. A medida que seguía explicando sus ideas a la serpiente, ésta inflaba su pecho hasta llegar a ser tres veces su tamaño normal. De pronto el aire se tornó denso y una energía tétrica llenó el baño, desde el suelo embarrado hasta el techo. Al sonar de un cascabel, el chincol desapareció, y luego la serpiente se esfumó velozmente por el alcantarillado, desde donde nadie ha vuelto a oir de su existencia.
Al salir del baño, muchas mesas estaban vacías. No sé cuanto tardé oyendo ese diálogo, pero las caras de la cantina habían cambiado. Al centro había tres hombres sentados en una mesa, balbuceando sin mirarse unos a otros y echados en sus sillas en una posición como de un ejercicio oriental de respiración. Cada uno parecía hablarse a si mismo, enfrascados en un diálogo de sordos que no tienen voz.
Avancé hacia la puerta atravezando ese carnaval de almas en siesta con una sensación extraña, entre la fantasía y el desencanto.
Hace años ya de esa noche.
Aún no he vuelto a saber de la serpiente. Pero de vez en cuando (¿O de cuando en vez?), cuando miro noticias o programas juveniles en la cajita distractora su imagen con el pecho inflado se clava en mi mente y tiemblo al resonar de su cascabel.

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castillosenlasnubes
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