Ahorcado en mi corbata y con el sobaco mojado agarrando el tubo del metro, de pronto me percato de lo maricón que se ve aquel feliz turista calvo con sus horribles sandalias amarillas, llevándome a reflexionar sobre mi paranoia actual por los minutos previos a este insano horario de oficina colmada de idiotas que secretamente esperan mi atraso, para enrostrarlo sobre toda mi humanidad que sin lentes de sol ni camisas floreadas hoy se esmera con la espalda húmeda en llegar a tiempo cada mañana para sentarse en el banquillo acusador de maricones que apuntamos a quienes osen un atraso...
0 comentarios:
Publicar un comentario